viernes, 27 de abril de 2018

PENDIENTE. Poema de Mario Ángel Quintero.



Título: Incursión. Por: Mario Ángel Quintero


I.


Pendiente

Sobre la orilla de otra catástrofe,
El risco, desde donde se tiró la casa
Hoy es mudo, hoy supura silencio y erosión.
El borrón desmesurado sobre la tierra
Es casi un mordisco que se le ha sacado al hábito de crecer.
Cuando aún hablamos de madrugadas,
En otro sitio los cuerpos flotan en el agua,
Como si fueran mierda que se va por el cielo.
Reflejos del viento y platos rotos arrancan
El murmullo que brota y lo riegan.

Sólo cerrar los ojos un rato más, ahí sin pétalos ni raíces.
Balbucear es aspirar y dormir trae sueños.
Todo esto mezclado aquí a la fuerza.
Fragmentos cojean por el aire sucio.
La piel le huye a una pátina verde y cada cual
Le trabaja a su prótesis mientras que las estrellas
Se amontonan en la ribera de la noche.

Florece la maleza, una quebrada amarilla
Que baja por la grieta, su tenue arraigo, como su brillo,
Obvio e irremediable, ya que el tiempo aquí no ha aprendido
El truco de estar vacío, de avanzar sin más de que hablar,
Y siempre tiene que llenar su barriga,
Antes de salir a robarle a alguien su descanso.

Garzas confunden este sitio con el pantano
Que ya se ha vuelto, son estacas que marcan
La extensión de lo impermanente, sus miradas
Indagan las distancias, firmes como si fueran la memoria—

¿Por qué mueren los seres?
Por la misma razón que viven—
Porque el tiempo es un ocurrir.
A través de lo que pasa, siempre somos divididos.

La inundación no es más que un afán
Del agua por habitar la intimidad
Que se esconde en las piezas,
Y las ganas, en la corriente,
De regar a la gente como hormigas,
Sus vidas llevadas más allá de todo familiar,
Lejos del collar roto de sus instantes vividos uno por uno.

Arriba, asomarse es invadido por caer,
Surge un quejido hacia el aire abierto,
El rugido de la madera al rajarse la inclina más.
Aplastada en el momento de desprenderse
Aplastada hasta sus lentes, ya sólo frascos de sombra,
Cubierta en sordera, clavada de narices,
Tapada toda, más abajo que distorsión y tembleque,
La consume el relámpago del nervio,
Un martillo, un trueno, la sensación chispea y se aleja.
La llama que se come el suspiro.

Así acaricia el agua, su borrón silba sobre el horizonte.
Esta extensión inclinada, sobada por un palustre de ocaso,
La luz por donde se chorreó vida, vista como por culo de botella.
Este momento se escarba a sí mismo,
Esclavo de la nostalgia,
Este día se desmorona solo.


II.


Enmendadura

La tierra gaguea, como una lengua que se flexiona y cae.
Empezar de nuevo, ahora, sin entender el verbo siquiera.
Improvisar sobre una nube, el sucio dejado por un lápiz perdido,
Como si al caer, nuestros raspones fueran legibles para algún ojo.

Pero el reloj parpadea.
Cualquier foto, cualquier instante aislado,
Captura la sensación de estar en la catástrofe.
Un teléfono que sonó y luego no habló nadie.
La huella que deja el deseo.
Un trazo negro y un trazo marrón.
Lo que se veía del perro
En la entrada de la casa al desplomarse.
Borrón de nuevo, borrón perpetuo.

Las letras ya no se ven, se han enterrado al enunciar.
Afasia florece desde el asombro de los cadáveres cosechados.
Rebosan vocablos en terrones, pegotes de palabras,
El barro que se escurre desde las muecas.
Vocabularios, veteados por humedades, se inclinan
Pero no crecen, ya sin con qué pegarse a decir,
Se marchitan en un repetir empalagoso.

No hay extensión en tanto caer.
El horizonte tiembla, el cielo se tropieza.
Las palabras, como las ruedas dentadas del instante,
Ya acabadas, se deslizan dando vueltas
Sobre ejes de cosas ya demasiado abajo,
Cosas que sienten el apretón de encías y ya no brotarán más.


III.


Asomarse

Porque es el sonido mismo el que soba membranas y sube a buscar salida,
Raja la viga más alta, pero no reverbera al recibir todo lo que le viene encima.
La mitad de todo— así son los divorcios, las partidas— flota entre firmamentos.
Si fuera rasurar sólo fachadas, pero al llevarse toda la entrada
Quedan sólo interiores, obscenamente expuestos sobre un filo, adentros
Abrazados contra el frio que sube desde algún hecho de tierra y baldosas,
Donde ver tapa y enunciar envuelve lo salido de lo humano en un gesto continuo.
La voz lanzada se desílaba, encuentra una cavidad en la monotonía de una vocal,
Su barco tenue, mientras navega los estrechos de archipiélagos, islas de pisos y techos,
Desde la fisura invisible en la casa dividida hasta el golpe de nada que se riega.
El engranaje cojea por una de las líneas de vista, extrañando la fractura escondida
En la mirada que pasa por unas gafas rayadas que se asoman desde la basura
En morros, como párrafos de palabras que murmuran sus rezos en tinta corrida.


IV.


Grieta

Me tropiezo y caigo
En la brecha al centro
De una coyuntura.
Abro los ojos y te he perdido.
Adelante y atrás son palabras
Sin realidad desde este entre.
El momento de pagar es estrecho.
Desalojado, desplazado, traducido,
Cada caída me lleva
Hacia la punta del vacío.

Miro hacia arriba,
Donde antes se extendía un firmamento.
Hoy un gris sin rasgo,
Una afasia voraz,
Anula cualquier asunción.
Algo se ha roto y se ha regado,
Uniforme hasta empapar el horizonte.
Ha borrado las estrellas
Y las formas fugaces de este cardúmen nuestro.
El frío bochornoso y pesado nos separa,
Como algo mal hecho o equivocado.
Ya es tarde para hablar de contingencias.

El balbuceo de tratar de cruzar,
Por lo menos hasta donde estabas,
Navegar aunque sea una sílaba sola,
Como una canoa sobre los remolinos,
Tartamudear un eco en el cráneo,
Ese que no sonó aquí afuera,
Entrenos, nada, titubeo y silencio.

Cada vez menos materiales.
Cada vez más exceso de ese menos.
Con la llegada del golpe
El nervio no logró hacer el brinco,
Se me zafó tu mano.
Cada instante más distancia.
La luz que ilumina tu rostro
Empieza a titilar y arrebata mi aliento.
Me traslada. ¿Hacía qué hueco
Entre fronteras? Más allá de esta fila
De almas, de estos costales llenos de extraños,
A mi alrededor sólo veo
Escenografías de sitios lejanos.


V.


Revienta

La flor explota.
La falla en la ladera.
La corriente de lluvia
En quebradas recientes
Baja y rompe eslabones
De raíz y de sinapsis.
Se ha caído la postura.
Se desliza la mejilla,
Se desplaza la sonrisa.
El chorreo de fluidos
Es una alarma entumecida.
Donde hay derrame hay mancha.
La mancha es un golpe de estado,
Un nuevo territorio, una soberanía ciega,
Que nace y paraliza un lado o el otro,
Asalta alguna ribera y la sumerge.

Intento repetir algo y de repente
Incapaz de decir, de nuevo
Sin poder enunciar cualquier cosa
Bajo la avalancha de músculos.
Una coyuntura sin articulaciones,
Sin movimiento, sin poder pensar hasta donde estés,
Descubrirte de nuevo en una sensación
Más allá del zumbido antes de apagar.

Aislado en el lodo de la conexión devastada.
Cada fuga termina por atrofiar.
Sin poder hacer el esfuerzo siquiera,
Ni gastar lo que cuesta hundir,
Bajo esta lluvia que detiene y ata,
Los cimientos de un puente nuevo.
A la tierra se le hinchan los pies,
Le es difícil avanzar sin caerse,
Todo a su alrededor se mueve en grises.
Cada instancia en menos colores.
Los músculos, distantes y sellados, no responden.
La mosca intención dentro del frasco cráneo
Se posa sobre el fondo del ojo,
Vuelve ese zumbido de cuenta regresiva,
Atrapado bajo las capas mucosas
Que descienden hasta tapar miradas.
¿Dónde está el daño?
Abajo, muy abajo,
Una hemorragia de magma
Funde y desorienta todas las vías.
Al fondo, el bulbo que brota
Cada desprendimiento es el arraigo
Del magma en el hueso de lo pendiente.


VI.


Bifurca

Lo firme se muele.
Lo blando se deshace
mientras flota sobre el agua.
Las palabras se han tragado
las anclas y los sitios.
La sensación de ti
se fue de cabezas.
El fiasco del cráneo
se abre como una flor.
Un relámpago parte el momento.
Nombre y rasgos caen en calambres:
otra hora, otro idioma, otro paisaje.
Una serie de huesos y escaleras invisibles.
Envuelto en la colcha del día,
respirar es un remiendo,
vivir es inventar,
recordar es tapar con retazos,
recortes de sueños y visiones.

¿Cómo habitar entre las versiones?

Extensiones hacia variaciones.
caprichos dados vida.
Mutaciones nacen desde una lógica.
Un gesto tendido
a alguien que no está.
Una conversación en zumbidos
con un insecto gigante vestido de frac.
¿Dónde se perdió el aquí y el ya?
me pregunta una mujer
con la cabeza bajo el brazo.
Lo subjetivo me tapa los ojos, la nariz, los oídos,
se mete entre mis dedos irreales.
Lo que ocurre huye,
Busca donde morirse en silencio.

Inundado por posibilidad,
permanezco mudo bajo
el peso de tanta sensación
en capas en ondas en partículas
como alfileres que insisten
en lo especifico mientras la
puerta gira como una tabla
de salvación sobre los rápidos
de un rio de lo particular en muchos
lugares al tiempo patas arriba pero
convencido de estar acá y acá y acá
con este esta y estos aunque no sea
en ese idioma con ese pasado y nada
al fin llega más allá de la duda si se sigue
viviendo al cerrar y abrir el ojo.


VII.

Mueca


Soy un pedazo de alguien.
Soy una vena, un depósito entre terrones
Ya que el mundo entero me cayó encima.
¿Quién, bajo una montaña, sabe dónde está?
A veces me pongo muy nervioso,
Porque pienso que ya todo
Se ha acabado para mí.
Al ser lanzado por el vitral de la misericordia,
Caí en un mar de árboles, las olas astilladas.
La tierra salió corriendo.
Un trozo de tela, de ropa de alguien,
Baila, se asoma, y se hunde de nuevo.
La bulla se dobla y se guarda.
La ola, que al crecer, no sabe más que tragar,
Obliga todo lo horizontal a ascender.
Así el mundo se llena la boca de si mismo,
Y sin poder cantar, busca el punto
En que se va de cabezas no a un abismo
Sino a una nada insípida en que rodar,
Donde se muele el espacio entre las cosas
Y no quedará ni el vestigio de una membrana
Para resonar.





Mario Ángel Quintero nace en 1964 en San Francisco, California, donde vive sus primeros treinta años. Estudia literatura en la Universidad de California y es becado en creación literaria en la Universidad de Stanford. Publica poemas, prosas y ensayos en revistas literarias estadounidenses; también publica los libros en inglés: Globo (1996),The Fifth Season(1996), y On the Voice(2016). Desde 1995 reside en Medellín, Colombia, donde publica los libros de poesía Mapa de lo claro (1996), Muestra (1998), Tentenelaire (2006), El desvanecimiento del alma en camino al limbo (2009), Keselazboga (2014), Mapa de las palabras (2014) y los libros de dramaturgia Cómo morir en un solar ajeno (2009),La sabiduría de los limones (2013), y Calamidad Doméstica (2016). Publica sus ensayos en las revistas colombianas Babel, Diverciudad,Interregno, A Teatro,y Revista de Extensión Cultural (Universidad Nacional Sede Medellín). Es integrante de los grupos musicales Underflavour y Sellthe Elephant. Es director y dramaturgo del grupo Párpado Teatro, con quien ha llevado más de quince obras a escena.







domingo, 12 de marzo de 2017

TRES POEMAS DEL LIBRO "ANUNCIO" DE RODRIGO VERDUGO.



 Hartazgo en el despeñadero solar. Collage de Sing Wan Chong Li



SESENTAYSEISAVO ANUNCIO  

A Fernando Palenzuela



Mucho antes de que tuviéramos el insomnio de la luz
Tuvimos el despojo de nuestra propia sangre
Que al alba no alcanzo a saltar
Quedándose como una imploración sobre las abejas
Quedándose más tarde sobre el soplo del sol
Que nos hizo tener cinco cuerpos,
Cinco cuerpos que rebanaban la luna sobre las raíces,
Cinco cuerpos que carbonizaban lo felino de la noche.  
Nadie se preparo para esta vastedad
Nunca he visto el día
Caos y padres aplastan mi elemento
El latido de mi sombra ocultó los torbellinos
No se lavo el espejo donde termina el mar
La nieve siguió violando lámparas hasta el desvanecimiento 
No se lavaba el espejo después de esas horridas jornadas
Las anclas pincharon la noche
Cayó naftalina sobre las estaciones de trenes
Donde mis tías descubrieron que la noche estaba sobrepuesta
Eso probó tanta amargura bajo la tierra
Ese vértigo de madera que hay en lo recién nacido
Sobrepuesto esta también en nosotros
El mensajero anochece en el cazador
El cazador amanece en el hijo
Sobrepuestos estamos en nosotros mismos,
Con este insomnio de la luz
Con este soplo del sol
Que nos hiciera tener cinco cuerpos
Cinco cuerpos se deben tener para entrar en los tajos del abismo
Cinco cuerpos que entran al mar
Ordenando la luz que tuvieron los ángeles durante el día
Este soplo del sol tuvo cinco cabezas al mirar por dentro esos tajos del abismo,
Que del fuego pasaron a la mujer
Y fue tanta la vigencia nívea de las lámparas violadas y los huesos
Que una estrella visitó la sangre, dejando todo intacto sobre el mundo
Mis cinco cuerpos, tenían conocimiento de lo sobrepuesto
Habían nacido, muerto, amado, dormido, sobre una precisión velada
Tal como el pájaro que no puede dormir
Porque le hacen escuchar su propio canto
Grabado por quienes el mismo canto de este pájaro no dejo dormir
No se dejaban engañaban cuando lavaban los espejos
Y al soplo del sol supieron como había sido todo
Así fue todo,
Al llegar a una esquina nos dimos cuenta
Que la noche quedo sobrepuesta
Un insomnio de luz empezó a desangrarnos  
Todo era reflejo de raíces,
El despojo de la sangre quería saltar a esas raíces
Pero no eran ellas, eran solo un reflejo de raíces
Tal era la amargura bajo la tierra.
Entonces llegaron los cinco cuerpos que el soplo del sol nos había hecho
Se prepararon para la vastedad
Hicieron lo que debían hacer
Rebanar la luna sobre las raíces,
Carbonizar lo felino de la noche.
Lo recién nacido tuvo su vértigo de madera
Ahora sobre el soplo del sol quedó el despojo de mi sangre
Se quedo como una imploración sobre las abejas
Yo lavo un espejo, aquí donde termina el mar
Mientras pasan por mi lado,
Luces que me recuerdan mi destierro
Vengo y voy a lo sobrepuesto, con el mismo insomnio de la luz
Recuerdo como cazador y mensajero amanecían y anochecían
Unas tías que nunca tomaron el tren bajo la noche pinchada 
Guardándose naftalina entremedio de las enaguas
No me dejo engañar por lo que parece intacto sobre el mundo
He de nacer y morir sobre una precisión velada 
El latido oculta los torbellinos
Los cincos cuerpos se desvanecerán
Como el soplo del sol sobre los tajos del abismo 
No alcanzaran a saltar a las raíces.






NOVENTAYDOSAVO ANUNCIO   
  
Y ambos sabemos que termina en duelo,
  entre un misterio prodigioso y santo

                                                 Pedro Prado



Ceniza o desierto,
O abandonarse a esa alquimia de cementerio entre tus piernas,
A esa festividad de la ondulación,
A ese claroscuro que se despide por nosotros,
O súbitamente sobrepasar claves de aceite dentro del hueso.
No nos pueden ver, pero pueden venir
Les tenemos el juego de la bruma
Podrán quedarse como ese aliento de sangre
Que el crepúsculo tiene en los rincones.
Ceniza o desierto
Masticar pólvora ante las veletas
En el pueblo donde todos tienen los dientes torcidos
Murmuran entre ellos
Te culpan de la desgracia, de las siembras arrasadas.
Ceniza o desierto
Cada gota es un despertar pendiente
Te inventan un vínculo con esa niña
Que se pega en el rostro la radiografía de un zodiaco
Paseando por la bahía en espera de su próxima víctima.
Te tienen el juego de la bruma,
El desierto recuerda las almas
Nos quedamos en los rincones que son visitados por ese aliento de sangre.
Dan vuelta las veletas, tienen distintas figuras
Todas según la festividad de la ondulación.
La ceniza se despide por los dioses
Damos un paseo por la bahía
La niña tiene pegada la radiografía de un zodiaco en el rostro
Murmura que todas las mujeres tienen una alquimia de cementerio entre las piernas,
Murmura que su boca es la tregua entre el mar y la tierra.
Espera a su próxima victima
Que súbitamente sobrepaso claves de aceite dentro del hueso.
Ceniza o desierto
Hay que masticar pólvora ante las veletas
Nos aconsejan en el pueblo donde todos tienen dientes torcidos
Un ojo extraño venia en todas las siembras,
Dan vueltas las veletas
Con figuras de distintos animales,
Con figuras de distintos dioses.
No nos pueden ver, pero sienten un aliento de sangre
Ahora no ven nada, todo está cubierto por el juego de la bruma
Las veletas con figuras de distintos animales señalan el desierto
Las veletas con figuras de distintos dioses señalan la ceniza
O a los rincones o adentro del hueso
O a esa alquimia de cementerio que hay entre tus piernas.






CIENTODIECINUEVEAVO ANUNCIO 
 
 A Jairo Guzmán


Las esferas se prosternan ante tu cabeza de nudo
Los monasterios se hunden en la tierra
El sol hiere estas llaves, ninguna puerta ha de ser abierta.
Pasas por ciudades donde las estatuas cansan la luz
Eres huésped de tu propio reflejo, reflejo que le da tiempo al agua
Una adopción de relámpagos pegados.
Las esferas se prosternan ante tu cabeza de nudo
Pasas por ciudades donde te miras en un espejo de circo
Con dos santas de neón en los brazos.
Las jaibas escupen sobre las santas de neón
Las rameras lloran sobre las santas de neón.
Duermes sobre las telas,
Sobre las telas están las luces cansadas
Las jaibas se revuelcan sobre el llanto de las rameras
Besan las santas de neón tu cabeza de nudo,
Le dan todo tipo de bienaventuranzas.
Los monasterios se hunden en la tierra
Mar que le da tiempo a los relámpagos
Te trajeron un pedazo del monasterio
Unas yerbas del último día de la tierra.
No le has dado tiempo a ningún huésped
La muerte no puede desenredar tu cabeza de nudo
Si, puede llevarse la avaricia del reflejo.
Vuelves a mirarte en ese espejo de circo
Con dos santas de neón en los brazos
Quisieras adoptarlas y vivir con ellas en un monasterio hundido
Las jaibas sueltan llantos de rameras
Será la última vez que pases por las ciudades
Se acabo el tiempo de decir la verdad
Les das esa yerba del último día de la tierra a las rameras
Siguen llorando y les dices que el mar le da tiempo a los relámpagos.
Tu cabeza de nudo va decretando
Aun ante las jaibas que no cesan de escupirte
Aun ante las luces cansadas.
Se rasgan las telas
Los monasterios se hunden en la tierra
No se ha abierto ninguna puerta
Sangras, te encandilas
El sol ha herido estas llaves
Tu cabeza de nudo decreta ahora sobre las yerbas del último día de la tierra
Decreta: “Para ti oh muerte, la avaricia del reflejo,
Para las santas de neón, mi cabeza de nudo,
Para la adopción de estas esferas prosternadas
Todo el tiempo que el reflejo le dio al agua”.





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Rodrigo Verdugo Pizarro.(Santiago de Chile, 1977).Poeta y Collagista. Coeditor y articulista de la Revista Derrame. Miembro del Grupo Surrealista Derrame. Sub director de la Revista Rayentru, Coeditor de la Revista Labios Menores y Coeditor de la Revista “Joan Brossa”.

Su obra ha sido publicada en revistas y antologías chilenas y extranjeras siendo traducida parcialmente al: Ingles, Francés, Italiano, Portugués, Polaco, Árabe, Uzbeko, Rumano y Búlgaro. En 2002 publica su primer libro “Nudos Velados” (prologo de Roberto Yáñez e ilustraciones de Aldo Alcota), Ed Derrame. En 2005 participa en la exposición colectiva “Derrame cono sur o el viaje de los argonautas” en la Fundación Eugenio Granell (Santiago de Compostela, España) y obtiene el primer lugar en el concurso “Alas de poesía” organizado por la Asociación “Amigos de la poesía” (Monterrey. México).

También Participa en las VI Jornadas Internacionales “Imágenes del cine”, Organizadas por el Instituto de Artes del Espectáculo de la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección de la catedrática Sylvia Valdés, en el Archivo general de la Nación, (Buenos Aires, Argentina). En 2008 participa junto a los poetas Rodrigo Hernández Piceros y Marcela Albornoz Dachelet en la edición del libro “IDEM” del poeta Armando Uribe, Coedición Ediciones Derrame-Editorial Universidad de Talca, y en la exposición internacional de surrealismo “0 reverso do Olhar”, en la Casa de la Cultura de Coimbra (Coimbra, Portugal).
En 2009 participa en la exposición internacional de surrealismo “Iluminacoes Descontinuas” en el Convento de San José, (Lagoa, Portugal) y es invitado a la XIX versión del Festival Internacional de poesía de Medellín(Medellín, Colombia). En 2010 participa en la muestra “Bicente Chile BCN” Muestra poética Chile- Barcelona, en el Centro Cívico Convent de San Agusti, (Barcelona, España). En 2011 participa en la exposición colectiva “El inverso del universo, homenaje a los cien años de Roberto Matta” organizada por la Fundación Itau.

En 2014 participa en la exposición internacional de surrealismo “Vune Koridy” en la Galeria Student de la Universidad de Ostrava (República Checa).

Actualmente dirige el taller literario “Joan Brossa” del Centre Catalá. Mantiene inéditos los libros: “Anuncio”, (próximo a publicarse en Francia por Ediciones “La voix des autres, Collection Danger Poesie y en Chile por Ediciones del Pez Espiral), y “Transmisión debajo de las piedras”.

sábado, 3 de diciembre de 2016

LA SOLEDAD DEL PODER. Por: Daniel Acevedo.

Antígona por Mary Stillmann
Antígo

CORO: 
La prudencia es con mucho la primera fuente de ventura. No se
debe ser impío con los dioses. Las palabras insolentes y altaneras
las pagan con grandes infortunios los espíritus orgullosos, que
no aprenden a tener juicio sino cuando llegan las tardías horas de
la vejez.
(Antigona- Sófocles)


Todavía intento capturar, sin ser capaz de abrir los ojos, el instante preciso, el momento en que lo perdí todo: mi familia, mis pasiones, mis sueños, mi voluntad de cambio, mi fuerza para dirigir y guiar al pueblo. Pero mi memoria, endeble, solo es capaz de recordar escenas de un lienzo fragmentado: Lanzas que se sacuden en la noche, un adivino que trae preguntas afiladas como cuchillas, un grito que aún rebota como un eco en el palacio, una novia que se cuelga en una catacumba y se acuesta en la noche en el lecho de Eubuleo. Cada día soy azotado por estas imágenes, látigos de las erinias, que se repiten, una y otra vez, en diferentes secuencias.

¿Que seguí reinando? Por supuesto, ¿quién más se atrevería a ocupar el trono maldito de Edipo? Sólo yo me  atrevo, todavía, a sentarme en este lugar, territorio profanado por el incesto, la sangre y la mentira. Antes lo hacía por el placer ilusorio que da el hecho de ejercer el poder y dominar voluntades. Hoy por hoy, lo hago como un acto de redención con mi Polis, entrego mi cuerpo y todo lo que me queda a Tebas. Pues es mi única deuda, y lo juré ante los dioses, el resto, a mi alrededor, sólo está ocupado por el abismo y la soledad absoluta. Ya hasta el demos se ha callado, me temen, huyen de mi presencia. Saben que me necesitan, pero al mismo tiempo me esquivan y hablan en susurros cuando paseo por las calles.

Es cierto que emití un desafío a los dioses, no quería un símbolo de resistencia. Temía que su cuerpo se convirtiera en una efigie que se acercará a Orión en el firmamento y sirviera de guía a los nuevos rebeldes contra el orden de la polis. Pero, luego de muchos años de reflexión, he comprendido en que he fallado. Y no lo vi, en aquel entonces. 

Las estaciones se repiten cada año, porque cada una se sucede a la otra y Deméter es víctima de la misma tragedia. Hay una relación de causa-efecto, una cadena de movimientos del cielo y la tierra que no puede ser interrumpida. Todo ciclo de odio está condenado, al igual que las estaciones, a perdurar por las múltiples generaciones que caminen sobre la tierra. Sólo el perdón puede cortarlo. Yo ya lo he entendido. Pero es demasiado tarde. Ese fue el instante en que fallé: me dejé llevar de la emoción cuando pude haber perdonado.

Ahora no soy más que la imagen de un tirano que se repetirá como comedia o como tragedia, siguiendo el ciclo, en los nuevos reyes y gobernantes; quienes caerán bajo la contradicción inherente al poder: entre la ley y el deseo, entre el orden y la necesidad humana. Jamás tuve el coraje de Hemon para presionar la espada contra mi vientre y por ello soy condenado a la compañía de este silencio tan atrevido. Pues no hay nadie en el recinto, solo thanatos, quizás, quien espera pacientemente, con su sonrisa macabra, a que caiga mi rostro entre mis piernas.

Si he de morir, que esta sea mi herencia: un espejo, mi espejo. Para que quien herede el poder de Tebas y Grecia, se mire allí y juzgue, al sentarse en este trono, si es Creonte o Edipo, o un emisario del perdón. Yo por lo pronto sé, y soy consciente, que pronto desapareceré y quedará solo este trono vacío, como mi cuerpo, como mi alma.







Daniel José Acevedo.(Medellín-1986) Historiador de la Universidad Nacional, magister en estudios literarios y tallerista de escritura creativa en el Retiro desde el 2014. Pertenece al comité editorial de la Revista Innombrable. Ha participado del I Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes 2014. Hizo parte de una novela colectiva llamada “Ella, La puta” de actual circulación en la Argentina. Ha participado en la antologia del taller literario "Cruzagramas". Ha trabajado en la divulgación y organización de eventos de poesía joven en la ciudad. Aquí su blog: http://deveniresprosaicos.blogspot.com.co/

lunes, 21 de noviembre de 2016

NUEVE POEMAS DEL LIBRO: “CONJETURAS SOBRE LA FALSA CREACIÓN DEL HOMBRE”. Autor: Álvaro Marín


Pintura de Avery Palmer



En blanco y negro


La luz se endurece en la piedra. Una piedra, sí, un duro hueso de la tierra. 
Y si no fuera por la luz este verano sería de sangre. 
Y si no fuera por la luz 
el invierno que viene sería un invierno de algas muertas. 

El día: su iluminada concavidad electriza el paso de nuestros pies felinos. La luz desnuda nuestros cuerpos. La luz, 
el resplandor de sus lanzas punza nuestras cabezas.

Y sin la noche la luna sería el frío rostro de la venganza, sin la noche no existiría el sonido del piano ni la dulce melodía de las voces negras.    
Sin la noche la vida sería gris, sin la noche el hombre moriría en su primera noche. 





Escrito en piedra


En piedra escribo:  
en el principio fue la música, después 
vino la muerte. 
Lo digo en memoria de los días talados. 

En piedra escribo los nombres de la luz. 
Con la sombra de mis palabras 
dibujo sus manos y sus ojos de angustia. 
En las ramas de mi memoria abrazo su música
y sus frutos de electricidad. 

En los desfiladeros se suicidan los días,  
y los árboles desde hace ya mucho tiempo 
han dejado de dar sus frutos.

En piedra escribo la vida 
como escribe el relámpago el regreso del agua. 
Afirmo la vida, la antigua llama que ilumina mi propio abismo. 






Magdalena


Del río, ayer grande y generoso, salen ahora las canastillas 
de mimbre ya sin peces: el mimbre solo como las costillas 
de la res bajo las alas negras de los samuros. 

Oscuras alas cubren la ceiba que antes estaba cargada de luz, hoy es un ramo de muertos. 
Pájaros negros revuelan entre piedras negras, 
y cuando llega la noche, la obsidiana de los reflejos del río, corta el cuello del resplandor de la luna. 
Nacido del sol el caballo del día desciende y en su galope trae las manos rapaces de vengativos dioses.

Esta sangre reseca es nuestro verano, porque en el invierno 
la escorrentía mueve las grandes piedras y baja de las altas montañas los gruesos árboles que se sumergen de pie 
en el mar. 

Y en las orillas el hombre es la espuma 
de la creciente. 
Destechado vive bajo la carpa de la noche 
y tienen una niña que la luna no abraza, 
un perro más oscuro que su sombra 
y un destino arrojado a las brasas del sol.





Poema de las almas muertas


Cómo entender 
Los prolongados silencios del árbol 
Cómo discutir el monólogo del río
Cómo iluminar el resplandor de un incendio 
Cómo leer la sangre abierta.

Cómo curar las heridas del día  
Cómo leer las manchas del sol
Cómo cantar estas muertes.

Cómo entender al trastornado
Cómo curar los rostros del miedo
Cómo contarle al que pasa
Cómo hablarle al que pasa  
Y cómo, 
Si lo que pasa, lo que atraviesa esta noche
Son trescientas mil almas caídas en la guerra.  






A una herida dale alas


Y ya que es obra de tus sueños ama tu herida. 
A tu propia herida,
no la niegues, déjala ser. 
Desnuda su resplandor desde la cima más alta.
A tu herida enséñale a volar, dale alas. 
Deja que su dolor beba
entre los senos del vacío la leche de la nada.




Obús


En la mañana la artillería del sol lanza el obús que ilumina los cuerpos de los hombres talados al anochecer, y sobre 
la ceniza de los derrotados, los rifles levantan la iglesia del odio. 

Pero a la caída de un hombre 
por más naturalidad que se imposte, siempre le sigue 
un viento helado 
y el luto de los árboles a la blanca orilla de luz.  

La luz disuelta en un mar que arrastra las cañas, los días 
y los hombres tocados por los carboncillos de la muerte.   






Desiertos

Una caravana de desvencijadas carretas 
viaja con la noticia: hay guerra en el desierto. 
Los cuervos merodean en la arena enlutada,  
el hambre es la guerra más lenta. 
La muerte relumbra en las tinajas vacías 
en los áridos pezones de las madres
del pueblo del desierto.
   





Poema de amor


Oscuras alas nos rozan, anoche 
cayó un lamparón de sangre sobre la tierra 
y la luz de las bombas
iluminó nuestros cuerpos dormidos. 

Después de la guerra levantaremos la casa 
y la sangre derramada 
arrastrará los pájaros grises de la tormenta.

La historia es un país de estaciones, 
después del oscuro invierno 
pintaremos la casa; cuando en el cielo rojo 
se oculten las máquinas de la sombra 
enterraremos a nuestros muertos. 

Pintaremos la casa, 
y el olvido resanará las grietas. 
En la noche volverán los amigos 
a encender la hoguera de sus voces; 
tu voz será una lámpara sobre las ruinas 
y tus manos lavarán la sangre de la tierra.  





Conjeturas sobre la falsa creación del hombre


Después de la caída al hombre todavía le quedan alas. Algunas veces las mueve y todos lo rodeamos; es un rito, siempre que sus alas se mueven lo observamos atentos, esperamos el momento de su levitación, pero vuelve a caer... pesado sobre la dura tierra.

Recae luego insiste, rueda o se desliza hasta volver a empezar el ascenso. Bordea la cima y vuelve a caer. Intenta algunas veces desde la armazón de un pájaro mecánico, y vuelve y cae. No puede negar su vocación terrestre.  

Es falso que el hombre esté consumado, con la carcasa de sus huesos no logra levantar un refugio para un ser diferenciado. En todo caso el hombre aún no tiene siquiera la habilidad del escarabajo, sus alas rotas le estorban para caminar, su peso muerto es su pesada y persistente sombra.  










Álvaro Marín. Manzanares, Caldas, 1958.En poesía publicó Noche Líquida, mención en el Premio Latinoamericano de Poesía convocado por la revista Prometeo; su libro Jinete de sombras (1992) obtuvo un premio en la Casa de Poesía Fernando Mejía de Manizales. El libro de ensayo La brújula no quiere marcar más el norte, fue publicado en el año 1997 por la editorial Magisterio de Bogotá. En Caracas publicó Estrategia continental, en el año 2008, libro de ensayo sobre cultura latinoamericana y literatura. Otro de sus  libros de ensayo crítico es La biodiversidad es la cabalgadura de la muerte, libro que trata sobre el desplazamiento en Colombia. Con la crónica Humboldt y las manzanas podridas, el Instituto de las artes de Bogotá le concedió el premio en este género en el año 2011, en el mismo año el Centro de Poesía José Hierro de España le concedió mención en el Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro.En el campo de la comunicación, las investigaciones desarrolladas sobre los procesos alternativos han sido herramientas de trabajo de organizaciones sociales y comunitarias.En su reflexión ensayística los principales aportes se han desarrollado en temas relacionados con la cultura latinoamericana y las recientes políticas culturales.Los poemas aquí publicados  hacen parte del libro Conjeturas sobre la falsa creación del hombre,  ganador , en 2016, del VII Concurso Nacional de libro de Poesía,Universidad Industrial de Santander.